Llega la hora de irse, recoges tus cosas y ves que el resto de la oficina sigue con la cabeza baja sobre el teclado. Sientes una punzada de duda: ¿me voy o me quedo un rato más por no parecer que me escapo? Es una situación muy común, y muchas personas se quedan sin necesidad. Irte a tu hora es perfectamente normal, y se puede hacer de forma amable y sin dar explicaciones largas.
Salir con calma y buen tono
Prepárate durante el día. Si sabes que tienes que salir a cierta hora, organiza tus tareas para llegar a ese momento sin cabos sueltos. Dedica los últimos minutos a dejar la mesa ordenada, anotar lo que queda para mañana y cerrar lo que has empezado. Así puedes marcharte con la sensación de haber terminado, y no con la de haber dejado todo a medias.
Despídete con naturalidad. Un hasta mañana, que tengáis buena tarde, dicho con una sonrisa, es más que suficiente. No hace falta dar explicaciones ni disculparte. Si alguien te pregunta si te vas ya, puedes responder con tranquilidad que hoy tienes cosas que hacer fuera. Cuanto más natural lo hagas, más normal parecerá a los demás, y menos incómodo te resultará a ti.
Piensa también en lo que te da irte a tiempo. Descansar, ver a los tuyos, hacer deporte, leer o simplemente pasear son cosas que te hacen más feliz y, a la larga, mejor compañero de trabajo. Quien descansa rinde mejor al día siguiente. Si alguna vez hay una urgencia real, quédate un rato, pero que no se convierta en la costumbre de cada día.
Si notas que en tu entorno se espera que todos se queden, habla del tema con tus compañeros o con tu responsable con tacto. Tal vez otros piensan lo mismo y se alegrarían de cambiar el hábito. A veces, basta con que una persona dé el primer paso para que los demás se sientan libres de hacer lo mismo. Y recuerda que una tarde libre no es un lujo, sino parte de una vida equilibrada.